Discapacidad y servicio militar: masculinidad, discriminación y el ejército en Turquía

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Bülent Küçükaslan nació en 1973 y vive en Estambul. Desde 1999 se desplaza en una silla de ruedas debido a una lesión en la médula espinal. Fundó el sitio web Engelliler.biz (www.engelliler.biz) en 2003. Es el administrador y editor de esta platafor-ma que tiene cerca de 80.000 miembros. Bülent contribuye al movimiento de discapacita-dos en Turquía mediante la publicación de ensayos y diferentes formas de activismo. Escribe sobre la relación entre discriminación, discapacidad, militarismo, particularmente el servicio militar, y la masculinidad en Turquía.

Una de las carreras que más decisivamente idealiza el cuerpo humano es la carrera militar. Ciertas expresiones, producidas para contentar a aquellos que gustan de usar un lenguaje masculinizante, como “ser un tipo duro”, “estar alerta”, “ser viril”, “estarse derecho”, “obedecer órdenes”, “no flaquear”, “no sentir dolor”, “no enfermarse”, “no dormir”, “no cansarse”, se presentan como los elementos constituyentes de la vida castrense, a pesar de que estos conceptos forman parte de la vida de todos y no proceden exclusivamente de las actividades militares.

La construcción idealizada del cuerpo masculino militarizado es fácil de ver en el artículo 6 de las directrices sanitarias de las fuerzas armadas turcas: “Aquellos que estén llamados al servicio militar obligatorio se dividirán en dos grupos: aptos y no aptos. Aquellos que se consideren aptos para el servicio no podrán padecer enfermedad ni deficiencia alguna”.

En otras palabras, la institución militar podría colgar en la entrada de sus cuarteles un gran letrero que dijera “No se admiten personas con discapacidades”. No vale la pena darle muchas vueltas a este tema por sí mismo. Lo importante es que no son las personas discapacitadas las únicas a las que se somete a este escrutinio, sino también a cualquier joven turco (independientemente de las obvias cuestiones de salud de las personas discapacitadas). Lo que empeora las cosas en estos casos, en lo que atañe a los discapacitados, es que estos no podrán cumplir nunca los requisitos para enlistarse en el servicio militar. Sin embargo, un sistema laberíntico de exámenes físicos sigue llamando a todo recluta potencial, independientemente de su estado de salud, provocando penalidades e injusticias para muchos. En este caso, hay dos grupos de personas con discapacidades cuya experiencia con el ejército es importante destacar: 1) aquellas que desean enlistarse en el ejército y 2) aquellas que no lo desean.

Si una persona con discapacidad quiere servir en el ejército, las principales injusticias que sufrirá se pueden observar en los hospitales militares, debido a que su solicitud normalmente será rechazada por no cumplir las directrices militares. No importa cuánto una persona con discapacidad pueda desear enlistarse, una persona “deficiente” no será nunca tenida en cuenta para vestir el uniforme militar.

No obstante, si una persona con discapacidad expresara su rechazo a realizar el servicio militar, la situación sería totalmente contraria. En este caso, sin importar cuánto esta persona pudiera desear ser eximida de incorporarse al servicio militar, sin importar cuánto esta persona resaltase su condición de discapacitado, es muy probable que se le acusara de tratar de eludir sus responsabilidades como hombre; es probable que se le acuse de querer eludir su deber, con las duras consecuencias que esto conlleva, como verse envuelto en un auténtico calvario burocrático, con gastos considerables y perdiendo una parte importante de su tiempo esperando una resolución final.

En una primera etapa, esta persona tendría que declarar que sufre una “enfermedad o deficiencia”, para después ser enviada a un hospital militar. Estos hospitales podrían estar lejos de donde vive la persona, que tendría que hacerse cargo de los gastos de transporte y hospedaje. Luego sería probablemente enviada de un médico a otro, con el fin de confirmar su discapacidad, siendo sometida a pruebas físicas. Finalmente tendría que esperar los resultados de sus exámenes, con la esperanza de haber convencido sobre su estado de salud.

En Turquía, incluso aquellos con profundas discapacidades son normalmente sometidos a este tipo de procedimientos. Estas personas deben demostrar que son realmente "deficientes", pasando por toda esta tortura. Pero incluso si consiguen demostrarlo no es suficiente: el informe final que se entrega a las personas discapacitadas que consiguen convencer a los militares de su discapacidad no es una simple exención del servicio, sino lo que se denomina un "informe podrido", que seguirá generando problemas para estas personas en el futuro, por ejemplo, en el momento de buscar empleo. Esto es especialmente cierto si el receptor de este informe no tiene una discapacidad perceptible a simple vista, como cuando se sospecha que pueda ser homosexual o bisexual y tiene que vérselas con estos prejuicios.

En otras palabras, no hay forma de ganar, tanto si deseas realizar el servicio militar como si no. Pero el principal perdedor en todo esto es la persona que lleva el estigma del "informe podrido", al intentar encontrar su sitio en el entorno laboral y social. De una forma u otra, toda persona discapacitada tendrá que sufrir en carne propia lo que significa “servir” en el ejército.

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