Servicio alternativo y el peligro de la despolitización: lecciones de Alemania

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Andreas Speck[1]

La objeción de conciencia al servicio militar es un acto político contra el militarismo. Es, además, una herramienta de la que puede disponer el movimiento antimilitarista, y cada persona, en la lucha política contra la guerra y el militarismo y por el desarme y la creación de una sociedad más pacífica y más justa. O, por lo menos, así es como lo ven muchos objetores de conciencia políticamente activos y la Internacional de Resistentes a la Guerra (IRG). En este sentido, el acto de la objeción de conciencia es inherente a lo político, una expresión de oposición o incluso de resistencia al militarismo. Sin embargo, la experiencia demuestra que no siempre es así. Este artículo analiza el ejemplo de Alemania para poner de relieve los peligros de convertir la objeción de conciencia al servicio militar de un acto político a una cuestión de preferencia personal de servicio, vacío de contenido político y relevancia.

La objeción de conciencia en Alemania (occidental): una sinopsis

Si bien entre 1949 y 1990 hubo dos Estados alemanes, uno perteneciente al bloque soviético (la República Democrática Alemana) y uno que pertenecía a "Occidente" (la República Federal Alemana) y la OTAN, fue Alemania occidental la que básicamente absorbió el Estado de Alemania del Este en lo que se llamó la "reunificación" de Alemania, y fue el sistema jurídico, político y económico de Alemania occidental el que prevaleció. Por lo tanto, parece justificado no tratar en esta breve sinopsis las características específicas de la objeción de conciencia en la Alemania del Este antes de la reunificación, la cual fue una experiencia muy diferente a la occidental. Dado que la Alemania reunificada se basa en el modelo occidental, la experiencia del Este es de menor relevancia política.

Alemania occidental reconoce el derecho a la objeción de conciencia, como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, desde incluso antes de tener sus propias fuerzas armadas (Bundeswehr). Este derecho está consagrado en el artículo 4, apartado 3 de la Constitución de Alemania occidental de 1949. Sin embargo, solo ganó relevancia con el rearme de Alemania occidental en 1955 y la reintroducción del servicio militar obligatorio en 1956. Antes de ello, dada la inexistencia de unas fuerzas armadas alemanas, esta era simplemente una declaración simbólica dentro de la Constitución.

Un documento de trabajo del Instituto de Ciencias Sociales de la Bundeswehr alemana de 1994 distingue fases distintas en la objeción de conciencia[2], que tienen sentido para mí:

  • 1956-1965 - La "desviación social": el número de objetores de conciencia es bajo, y los objetores de conciencia son vistos como excepciones y "desviados sociales". La mayoría de los objetores de conciencia en ese momento provenían de grupos religiosos, salvo algunos pacifistas políticos. Ninguno de ellos era tomado muy en serio políticamente y al principio simplemente estaban exentos del servicio militar. Hasta 1960 no se aprobó una ley que introdujera un servicio sustitutorio.
  • 1966-1968 - Protagonistas de un movimiento de objeción de conciencia: el número de objetores de conciencia se duplica en tan solo pocos años. Más importante, la objeción de conciencia se politiza junto con el movimiento estudiantil y el movimiento en contra de las "leyes de emergencia" aprobadas en 1968, que permitían el uso de las fuerzas armadas alemanas en los conflictos políticos internos.
  • 1969-1976 - Difusión de la objeción de conciencia: el número de objetores de conciencia se duplica de nuevo. El Estado intenta hacer un "uso constructivo" de los objetores de conciencia en el servicio sustitutorio, mientras que al mismo tiempo aumenta la represión: la tasa de reconocimiento cae drásticamente desde aproximadamente un 70% a entre el 40 y el 50% (en instancias judiciales superiores). Desde mediados de la década de 1970 en adelante, el enorme número de objetores no reconocidos trae consigo nuevos actores en apoyo a la objeción de conciencia, especialmente las iglesias y las organizaciones de derechos humanos.
  • 1977-1983 - Estabilización de la objeción de conciencia como un fenómeno social: los números siguen aumentando ligeramente, pero el aspecto principal es la estabilización. El primer intento de deshacerse de la audiencia inquisitiva para los objetores de conciencia se realizó en 1977, cuando el Gobierno de entonces, dirigido por socialdemócratas, introdujo el reconocimiento por tarjeta postal. Sin embargo, esta medida fue desechada por el Tribunal Constitucional. Seis años más tarde, el Gobierno dirigido entonces por conservadores aprobó una ley reemplazando la audiencia inquisitiva por un procedimiento administrativo para la mayoría de los objetores, mientras que al mismo tiempo extendió el tiempo de duración del servicio sustitutorio con respecto al del servicio militar. La legislación entró en vigor en 1984.
  • Después de 1984 - La objeción de conciencia como fenómeno masivo de normalidad social: el número de objetores sigue aumentando y se estabiliza a un nivel superior a 100.000 objeto-res por año. "Durante este tiempo, la imagen que la población tenía de los objetores de conciencia cambió: empezaron a ser vistos cada vez más como personas que prestaban un servicio civil, algo que las generaciones mayores también aceptaron. Este hecho, en cambio, tuvo un impacto en aquellos que estaban sometidos al reclutamiento: por ahora, una mayoría de los que llegan a la edad de ser reclutados se plantean la objeción o la prestación del servicio civil. Para este grupo, este servicio ya no es un servicio alternativo, sino una opción igualmente válida que el servicio militar"[3]. Esta situación no cambió hasta que el reclutamiento se suspendió finalmente en 2011.

Esta podría haber sido una historia de éxito, pero no fue así. En Alemania, a medida que aumentaba la objeción de conciencia, iba perdiendo toda relevancia política. No solo Alemania no abolió la conscripción hasta 2011 (fue uno de los últimos Estados de la Unión Europea en hacerlo; algunos aún se aferran a ella), sino que la fase de la objeción de conciencia como un fenómeno de masas fue acompañada también, al menos desde 1990, por un aumento de la militarización de la sociedad alemana y un mayor uso de las fuerzas armadas alemanas en operaciones militares, algo que habría sido inimaginable antes, ya que estaba prohibido por la interpretación de la constitución alemana vigente en ese momento hasta mediados de la década de 1980. La participación del ejército alemán en la guerra contra Yugoslavia en 1999, la primera participación del país en una guerra desde 1945, fue un primer e importante hito en este desarrollo.

Entonces, ¿qué salió mal?

La promoción de un servicio alternativo como una opción positiva: ¿quién se preocupa por el antimilitarismo?

Räder da una pista importante en su documento: hubo un cambio de percepción en la sociedad desde mediados de 1980 en adelante. La gente empezó a ver y valorar a los objetores de conciencia, ante todo a los "Zivildienstleistende" (objetores que realizan el servicio civil), como personas que prestan importantes servicios sociales. La razón por la que prestaban este servicio —su objeción al servicio militar— no formaba parte de la conciencia pública y jugó un papel cada vez menor en la conciencia de los mismos objetores de conciencia, quienes solo veían su decisión como una elección entre dos opciones. Esto no sucedió por sí solo, sino como consecuencia de las interacciones entre las decisiones tácticas tomadas por las principales corrientes de las organizaciones del movimiento de objeción de conciencia y la política del Gobierno, las cuales han influido en esta despolitización de la objeción de conciencia como acto político y de muchas personas objetoras de conciencia.

El movimiento de objeción de conciencia organizada respondió al aumento de la represión producido a mediados de la década de 1970 con diferentes estrategias:

  • Una pequeña minoría tomó posiciones antimilitaristas radicales y al mismo tiempo apareció la objeción total como una respuesta política, aunque en una escala muy pequeña.
  • Las organizaciones más grandes, tales como la DFG-VK (Deutsche Friedensgesellschaft - Vereinigte Kriegsdienstgegner/innen: Sociedad Alemana por la Paz - Resistentes a la Guerra Unidos) comenzaron a organizar el asesoramiento a gran escala para ayudar a los objetores a tramitar el proceso de solicitud.
  • Del mismo modo, las iglesias, que se implicaron más desde media-dos de 1970 en adelante, organizaron el asesoramiento para los objetores, al tiempo que destacaban las contribuciones positivas de los objetores en público. Esto fue abordado por muchas organizaciones de paz social-democráticas.

Las dos últimas estrategias, que tienen un respaldo organizativo mucho más fuerte, individualizaron y despolitizaron la objeción de conciencia, no necesariamente de forma consciente. Lejos de ver la objeción de conciencia como una acción antimilitarista colectiva, estas estrategias se basaban en una concepción de la objeción de conciencia como un recurso simbólico de la conciencia individual contra la acción militar. La minoría radical de antimilitaristas y los objetores totales recibieron poco apoyo de la mayoría social, que no solo veía el servicio sustitutorio como una imposición legítima por parte del Estado, sino que destacaba su positiva contribución a los servicios sociales en sus esfuerzos de presión.

En 1983, cuando el Gobierno dirigido por conservadores eliminó la audiencia inquisitiva para los objetores de conciencia y la reemplazó con la aplicación de un procedimiento puramente administrativo combinado con un servicio sustitutivo de duración punitiva, el movimiento social principal temía un renovado aumento de la represión (incluido este autor). Sin embargo, en retrospectiva, se puede decir que el Gobierno podría haber sido más listo de lo que pensábamos: al acabar con la audiencia inquisitiva terminaba al mismo tiempo con uno de los últimos elementos represivos visibles del procedimiento de solicitud, favoreciendo así el proceso de despolitización.

En el momento en que la conscripción y el servicio sustitutorio se suspendieron en Alemania, la objeción de conciencia había desaparecido por completo como cuestión política, a pesar de los más de 100.000 objetores anuales, y el debate era sobre el problema de cómo sustituir a las 100.000 personas que proporcionaban mano de obra barata para mantener los servicios sociales. En todo caso, el elevado número de objetores en Alemania retrasó la abolición de la conscripción, si es que tuvo alguna relevancia en absoluto en la decisión.

Otras deficiencias del movimiento de objeción de conciencia: la omisión del género

Hay otros aspectos donde creo que el movimiento de objeción de conciencia, en todas sus tendencias, no pudo conseguir el equilibrio adecuado. A pesar de que la masculinidad extrema "estilo Rambo" fue ridiculizada casi totalmente, no solo en el movimiento de objeción de conciencia, sino en la mayor parte de movimientos por la paz y en la "escena alternativa", que eran culturalmente hegemónicos en muchas áreas, esto no se extendió a un análisis del militarismo o del servicio militar desde una perspectiva de género. Sin embargo, esta falta de análisis político no significa que el género no tuviera su papel al abordar el problema de la objeción de conciencia.

Como señaló la investigadora alemana Hanne-Margret Birckenbach, "bajo el disfraz del 'no a matar frente al sí a matar con el objetivo de defenderse', los objetores de conciencia y aquellos que están dispuestos a prestar el servicio militar no solo discuten acerca de la violencia militar, sino también, sin ser conscientes de ello, sobre los ideales de masculinidad"[4]. Esto es un indicio claro de que los problemas de género, la masculinidad y el patriarcado son muy relevantes, y cabe preguntarse si un enfoque político más concienciado en aspectos de género podría haber aumentado la influencia política del movimiento.

Aquellos que prestaban entonces el servicio sustitutorio lo hicieron mayormente en áreas consideradas "para mujeres": el cuida-do de enfermos, de personas con discapacidades y ancianos. En este sentido, si bien la objeción de conciencia no impidió que Alemania se convirtiera de nuevo en un actor global militar después de la reunificación, podría haber contribuido a un ligero cambio en las relaciones de género, posiblemente temporales y lejos de llegar a tocar las raíces del patriarcado. Un reto para los movimientos en otros países podría ser: ¿cómo se consiguen ambas cosas, la desmilitarización y un cambio en las relaciones de género?

¿Podría haber sido diferente?

Siempre es difícil dar respuesta a esta pregunta décadas más tarde, pero, ¿el movimiento alemán podría haber tomado diferentes decisiones estratégicas? ¿Cuáles habrían evitado o minimizado las tendencias de la despolitización?

En cierta medida, la despolitización es una consecuencia de casi cualquier movimiento que gana el apoyo de las masas. Inicialmente, siempre será principalmente un núcleo de activistas muy comprometidos y politizados quienes formen el movimiento. Pero cuando el movimiento gana atractivo para las masas, incluso hegemonía cultural y política, la gente se une y toma parte porque eso es lo que se da por hecho. Es, en parte, lo que sucedió en Alemania.

Sin embargo, por otro lado, el movimiento —o las tendencias principales del mismo— hizo poco para educar a sus bases o para promover perspectivas antimilitaristas y la necesidad de una respuesta colectiva. El enfoque del asesoramiento se centró principalmente en ayudar a los individuos con el proceso de solicitud. No intentó crear respuestas colectivas, ni buscó empoderar a los individuos que busca-ban asesoramiento. La respuesta a la discriminación contra los objeto-res de conciencia a través de un procedimiento de solicitud inquisitorial fue de carácter individualizador, más que político o colectivo.

Otras respuestas centradas en una respuesta colectiva y la autonomía colectiva de los objetores de conciencia son concebibles. Sin embargo, es dudoso que las principales organizaciones de objeción de conciencia en ese momento fueran capaces o incluso estuvieran dispuestas a implementarlas, dados sus antecedentes políticos o filosóficos. Esto habría requerido nuevas organizaciones, o al menos unas diferentes para tomar la delantera. El ejemplo alemán es ciertamente extremo y existen sin duda diferentes interpretaciones. Sin embargo, tuvo un impacto en otros países. En España, el movimiento de objeción de conciencia estudió cuidadosamente el ejemplo alemán y, para evitar sus errores, decidieron optar por declaraciones colectivas y por la objeción total o insumisión.

En otros países de Europa occidental, como los Países Bajos y muchos países escandinavos, podemos observar una despolitización similar de la objeción de conciencia, obviamente con diferencias locales (la objeción total en Finlandia viene a la mente, véase el capítulo correspondiente en este libro). Después de la caída del muro de Berlín, también se adoptó el enfoque alemán en algunos países de Europa del Este, donde el "derecho al servicio alternativo” (el derecho a un deber, que no existe en el Derecho internacional) se introdujo a menudo en ausencia de un movimiento de objeción de conciencia y como parte de una agenda general de derechos humanos.

Conclusiones

La objeción de conciencia al servicio militar tiene un enorme potencial político dentro de los movimientos antimilitaristas. Sin embargo, que este potencial pueda llegar a buen término dependerá de las estrategias adoptadas por el movimiento. El ejemplo alemán muestra cómo este potencial, inicialmente visible desde mediados de la década de 1960, puede ser marginado y debilitado de tal manera que el acto en sí se vuelve completamente despolitizado.

Las cuestiones estratégicas se refieren a un difícil acto de equilibrio entre las necesidades y demandas de las personas que se enfrentan al servicio militar y quieren objetar —que, en principio, es necesariamente una decisión individual— y la necesidad de tomar decisiones colectivas en tanto que movimiento antimilitarista. Si bien ningún colectivo debe (o puede) tomar decisiones que anulen las determinaciones de los individuos involucrados, el enfoque del movimiento alemán de “ayudar a los individuos” y su falta de comprensión de la objeción de conciencia como un acto y movimiento políticos claramente fracasaron en obtener este correcto ejercicio de equilibrio. El impacto político del movimiento, en términos de antimilitarismo, fue, por lo tanto, de casi cero.

 

[1] Para obtener información sobre este autor, véase su capítulo anterior (El impacto de los mecanismos internacionales en casos locales: el ejemplo de Colombia).

[2] Räder, Hans-Georg 1994, Kriegsdienstverweigerung im neuen Deutschland. Eine empirische Bestandsaufnahme [documento de trabajo SOWI], (Múnich: SOWI).

[3] Räder, 1994.

[4] Birckenbach, Hanne-Margret 1986 'Das ambivalente Verhältnis zur Gewalt. Psychosoziale Grundlagen Militärischer Kampfausbildung ', in Antimilitarismus information, no 7/1986.

Ir al siguiente capítulo: Después de la conscripción

 

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