Feminidades y masculinidades: Analizando el militarismo a través del lente del patriarcado

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Author(s)
Natalia García Cortés
Translated by
Aurelien Corniau (FR)

 

El militarismo puede analizarse desde muchas perspectivas que tengan en cuenta la clase, la raza y el género. También se pueden identificar vínculos entre el militarismo y otros problemas sociales como el cambio climático, el desplazamiento interno y externo, la discriminación, entre otros. Por muchas décadas, las feministas han criticado y señalado cómo funcionan el poder y el control en un sistema patriarcal, y coincidentemente, las/os antimilitaristas han criticado estos mismos en una sociedad militarizada, resultando en diferentes acciones e "idiomas" para cambiar y comprender el mismo fenómeno. Al mirar el militarismo, pero a través del lente del patriarcado[1], es posible ver y comprender cómo ambos comparten los mismos valores y se sostienen a través de la perpetuación y reafirmación de feminidades y masculinidades hegemónicas.

En una presentación inspiradora, la feminista antimilitarista Koldobi Velasco durante el Primer Foro de Activismo, Derechos Humanos y Justicia Social en Las Palmas, explicó la relación entre militarización [2], militarismo [3] y patriarcado, argumentado que el patriarcado y el militarismo comparten los mismos valores (o como ella los llama contravalores): Jerarquía; violencia; obediencia; individualismo; desdén por la vida, por los seres humanos y por el medio ambiente; autoritarismo; victimización y minimización de la mujer; uniformidad; homogeneidad; exclusión; control. Ambos reprimen el disenso y defienden los intereses de la clase dominante y bajo estos los cuerpos de las mujeres son colonizados, controlados, vistos como un objetivo militar, como un arma, como un campo de batalla.

El patriarcado define la masculinidad, define los roles masculinos, sus valores, sus características y exige que los hombres los cumplan. Los hombres deben comportarse de acuerdo con estos mandatos en todas partes, todo el tiempo. Al mismo tiempo, el patriarcado define las feminidades y cómo las mujeres deben comportarse y actuar, en todas partes, todo el tiempo. El militarismo utiliza estos dos conjuntos de roles y características, para decir qué es deseable y qué no, qué se debe alentar, qué se debe controlar y dominar, y cómo.

He escuchado muchas veces decir que las mujeres, y especialmente las feministas, no deberían quejarse de la situación actual en la que vivimos. En la mayoría de los países podemos votar, podemos estudiar en las universidades, podemos acceder a empleos (aunque nunca se nos paga justamente en comparación con nuestros colegas varones o no tenemos las mismas oportunidades), pero también en la mayoría de los países no tenemos que hacer el servicio militar. Considerando esto y el asunto que nos convoca, ¿qué tienen que decir las mujeres o las feministas sobre la guerra, el militarismo y el servicio militar obligatorio? ¿Por qué es algo que debería preocuparnos? Puedo intuir porqué esto no es claro del todo, ya que parece que los únicos que están siendo afectados "directamente" por estos fenómenos son los hombres, pues son quienes son reclutados y, la mayoría de las veces, obligados a tomar armas. Pero la verdad es que tanto las mujeres como los hombres están siendo afectados/as, de manera específica y diferente, por el militarismo.

Estamos tan acostumbrados/as a vivir en una cultura patriarcal que apenas podemos percibir que estamos tratando de pensar y comportarnos como el sistema quiere. Incluso cuando nos hemos tomado el tiempo para cuestionar estos valores y roles impuestos, es difícil y lleva tiempo cambiarlos.

Las fuerzas armadas y la policía representan claramente los roles masculinos tradicionales. Lo que se les pide a los militares o policías es exactamente lo que se les pide a los hombres que sean. A veces, a los hombres se les ofrecen diferentes formas de cumplir estas expectativas masculinas, de ejercer poder, de usar estos valores. No todos los que se unen al ejército o apoyan el militarismo son soldados, algunos hombres realizan tareas administrativas, invierten en la industria militar o trabajan para compañías tecnológicas o bancos que se benefician de la guerra. Incluso cuando los hombres no quieren seguir esta masculinidad impuesta, unirse al ejército o hacer el servicio militar, se ven obligados o persuadidos a hacerlo porque no tienen ninguna otra oportunidad de trabajo o porque sin hacer el servicio militar no pueden acceder a beneficios civiles como educación, ocupar cargos públicos o viajar libremente dentro o fuera de sus países.

Pero las mujeres también se unen a los ejércitos, y esto sucede por muchas razones. Algunas mujeres lo hacen por tradición, otras porque sienten la necesidad de proteger a su país o porque consideran que unirse al ejército es una oportunidad de trabajo razonable y gratificante. Muchas pueden querer escapar de las expectativas de roles de género, pero mirando muy de cerca, más allá de los cambios relativos de roles a nivel personal, nada cambia en las estructuras; las fuerzas armadas por esto no son menos patriarcales, menos violentas o más igualitarias, aunque esta es la intención de muchos ejércitos y cuerpos policiales al permitir la incorporación de mujeres en sus filas: el llamado purplewashing[4] presentado en uno de los informes recientes de Centrè Delás [5].

Este sistema patriarcal siempre encuentra nuevas formas de usar las ideas, discursos y prácticas que alguna vez estuvieron en su contra para su propio beneficio. Más que nunca, la legislación en diferentes países utiliza un discurso de igualdad de género para tratar de incorporar a las mujeres en sus propias estructuras violentas y militares. Por ejemplo, el Partido Laborista en México propuso reformar la Ley del Servicio Militar para introducir el servicio militar obligatorio para las mujeres y en Finlandia, el gobierno ha presentado una propuesta para introducir el servicio civil para las mujeres.

En Colombia, después de las protestas de noviembre y diciembre de 2019 que enfrentaron la violencia extrema del escuadrón antidisturbios (ESMAD), la nueva alcaldesa electa, consciente de la manifestaciones que iban a tener lugar en enero, pensó en una "solución" para evitar enfrentamientos con los manifestantes y la unidad antidisturbios. ¡El escuadrón antidisturbios no iba a estar en las manifestaciones, sino las madres de los agentes de ésta unidad! Lo sé, puede parecer una broma, pero lamentablemente no lo es. La propuesta era reemplazar la unidad con las madres de los agentes, para que de esta manera, durante las protestas las personas no se vieran motivadas a hacer graffitis o iniciar una confrontación con la policía. La cultura patriarcal siempre ha sido despectiva con el papel de las madres en nuestras sociedades y siempre ha visto el trabajo que realizan como poco productivo y no importante. Sin embargo, en esta situación específica ere útil, pero únicamente porque iban a cumplir el papel desempeñado por la policía y el escuadrón antidisturbios.

El militarismo es la expresión exacerbada de los valores de la cultura patriarcal. Es parte de los medios de comunicación, la educación que recibimos, nuestra vida diaria e incluso nuestras relaciones e interacciones sociales. Y esa es la trampa, hacerla tan normal, tan natural, tan obvia, que nadie se atreva a cuestionarla o verla. Afortunadamente, los/as antimilitaristas, inspirados/as por el análisis y el activismo de las feministas, han estado exponiendo y desafiando la relación entre el patriarcado y el militarismo cada vez con más frecuencia a lo largo de los años.

 

[1] Sistema de dominación que se basa en la opresión y el control de un grupo (hombres-masculino) sobre otro (mujeres-femenino), para mantener sus privilegios, generalmente mediante prácticas e ideas violentas.

[2] Presencia e incidencia de las fuerzas armadas en diferentes instituciones y acciones con apoyo financiero privado y / o público.

[3] Ideología que sustenta la militarización de las sociedades. Justifica las respuestas militares y, por lo tanto, la existencia de ejércitos para enfrentar conflictos nacionales o internacionales, disfrazados de seguridad y protección para la población.

[4] Como se define en el informe: la instrumentalización de las mujeres y el feminismo para promover una imagen falsa de igualdad de género y modernidad.

[5] Centro de Investigación sobre temas relacionados con el desarme y la paz en el Estado español.

 

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Trabajadora del Programa por el Derecho a Rechazar a Matar

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