Colombia: La Comunidad de Paz de San José de Apartadó

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Luke Finn

La Comunidad de Paz de San José de Apartadó en Colombia fue formada el 23 de marzo de 1997. La localidad de San José y sus tierras agrícolas está situada en las zonas montañosas de la región de Urabá, tristemente célebre incluso en Colombia por su violencia e inestabilidad. La Comunidad viene definida por sus estrictas normas internas: no tomar parte en el conflicto armado, no proporcionar información o ayudar a los grupos beligerantes y no cultivar coca. Unas normas que son el compromiso para ser parte del trabajo comunitario.

Con su propia narración de la historia, la Comunidad de Paz recuerda la masacre de ocho campesinos a manos del Ejército Nacional Colombiano en julio de 1977, las familias de cuyas víctimas viven ahora en la Comunidad de Paz. Veinte años después de esta masacre, se creó la Comunidad de Paz en un intento de permanecer en sus tierras y hacer una declaración de principios contra la violencia que asfixia Colombia desde los años 90. En septiembre de 1996 se produjo otra masacre, y en enero de 1997, más de 800 personas fueron desplazadas por la fuerza de sus hogares. Otra masacre tuvo lugar en febrero de 1997, y el mes siguiente se formó la Comunidad de Paz.

Los asentamientos de la Comunidad de Paz se encuentran en un punto estratégico y en un lugar de interés económico, cerca de la costa del Caribe y de las principales rutas del tráfico de drogas y armas hacia EEUU y Europa. Es además una tierra fértil y productiva en una zona con escasa presencia del estado, perfecta para el cultivo de coca. La violencia que rodea la Comunidad es una batalla por el control de las tierras en las que viven. La violencia por toda Colombia proviene de una continua batalla por el control de sus recursos, y provoca un aumento del control social y político.

Por eso la Comunidad de Paz es un caso tan emblemático de resistencia social en Colombia. Al formar una zona pacifista han renunciado a la violencia cultural como mecanismo de poder y han abanderado la neutralidad. Al adoptar el trabajo comunitario, han renunciado al individualismo y la especulación, y la han substituido por los valores comunitarios, la afinidad y el respeto por la tierra.

El coste de la paz en una zona de guerra

Las tierras se las disputan tres grupos armados: el ejército colombiano, los grupos paramilitares (a menudo trabajando hombro con hombro con el ejército estatal), y el ejército guerrillero Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Cada uno de estos grupos ha sido responsable del asesinato de miembros de la Comunidad de Paz, aunque la mayoría de las muertes han venido a manos del ejército y los grupos paramilitares.

Más de 200 miembros de la Comunidad han sido asesinados desde 1997, y hasta 2014, solamente dos casos de un total de más de 900 violaciones de derechos humanos registradas y documentadas por la Comunidad, han llegado a los tribunales. Hoy, la Comunidad está formada por unos 600 miembros.

La historia de la Comunidad de Paz es una historia de resistencia pacífica y llena de dignidad frente a la brutalidad, y a lo largo de los años ha producido victorias para la Comunidad realmente impresionantes. La mínima de todas ellas no es desde luego que permanezcan en sus tierras y sus granjas.

Resistencia noviolenta a la cultura de la guerra

Las normas internas de la comunidad, conscientemente o no, son un rechazo de la economía política básica de una zona periférica de conflicto como Urabá, una economía política celosamente protegida y ejecutada por quienes ha elevado al poder. Se rechaza el uso de la violencia como modo legítimo de poder, se rechaza la coca, se adopta el trabajo comunitario como modelo económico. Es una democracia representativa. Enfatiza el localismo, la sostenibilidad, la organización comunitaria, el vínculo con la tierra y el rechazo del desplazamiento. Sus miembros defienden estos principios, y muy a menudo mueren por ellos.

A lo largo del tiempo, la Comunidad de Paz ha desarrollado una serie de formas de resistencia e intervención noviolenta para contrarrestar las diversas amenazas a las que se enfrentan sus miembros (y su forma de vida). Cada semana, se reserva un día para el trabajo comunitario, que puede consistir en ayudar a un miembro individual de la comunidad, o en trabajar tierras comunales. Cada asentamiento de la Comunidad de Paz se divide en grupos de trabajo, que son coordinados por personas elegidas que ostentan el liderazgo. A veces, para proyectos mayores, como mejorar el camino que conduce a las distintas aldeas, toda la Comunidad trabaja como un solo grupo de trabajo.

Una forma de resistencia es documentar públicamente las amenazas y provocaciones que sufre la Comunidad. Hacen declaraciones públicas regulares, elaboradas por el Consejo Interno de las Comunidades, que se suben a internet y que enumeran las provocaciones que han sufrido. Por ejemplo, si una compañía del ejército ha acampado en sus tierras, si los grupos paramilitares han intentado amenazar o sobornar a un miembro de la Comunidad para que realice acusaciones falsas, o si un miembro ha sufrido un secuestro o su hogar ha sido ocupado. Al hacer estas declaraciones públicas, no solamente difunden su trabajo y su mundo, sino que a la vez mantienen un registro accesible públicamente, que puede ser usado por otras personas para abogar por el cambio, mantener la transparencia de las actividades de la Comunidad y repeler las acusaciones injustas.

La Comunidad elige su Consejo Interno una vez al año en una de las asambleas bianuales con toda la población. Se reúne semanalmente y habla sobre la situación actual, los problemas que afronta la Comunidad tanto externa como internamente, y la dirección estratégica. El Consejo también sirve como administración de las tierras y recursos comunales, a menos que una tarea (como por ejemplo gestionar la cosecha de cacao) haya sido específicamente delegada. Los miembros del Consejo interno son el rostro público de la Comunidad, y se enfrentan a un alto riesgo personal, A pesar de ello, realizan giras de conferencias y asisten a reuniones con altos funcionarios fuera de la Comunidad.

Estas estructuras regulares de elecciones, comunicación pública y trabajo comunitario, proporcionan a la Comunidad su estructura y fuerza día a día, y también proporcionan la base para las estrategias de momentos de emergencia.

Si un miembro de la Comunidad es acosado, recibe amenazas, o es atacado, es toda la Comunidad la que responde, encabezada por el Consejo Interno. Además de hacer denuncias públicas en los informes regulares, un grupo de miembros de la Comunidad, a menudo con acompañamiento internacional, puede reunirse con un grupo armado y exigir la liberación de un miembro, o quejarse de acciones recientes (si es el caso).

En 2013, las áreas colindantes con Rodoxali y Sabaleta, que no son aldeas de la Comunidad de Paz, fueron testigos de una enorme incursión de fuerzas paramilitares que obligó a la gente a abandonar sus hogares, reclutó a la fuerza a los jóvenes e hizo “desaparecer” a otras personas. La Comunidad de Paz organizó un “peregrinaje” de una semana de duración, en el que un grupo de más 100 personas, incluyendo aliados externos como periodistas, abogados y abogadas, y acompañantes internacionales, fueron a esas áreas en búsqueda de los grupos paramilitares para exigir que se respetaran las tierras y las vidas de sus vecinos y vecinas. Los grupos paramilitares se negaron a acudir a la reunión y se escondieron del grupo de peregrinaje, pero el mensaje fue claro y la actividad paramilitar descendió en esas áreas. El coraje de la gente, yendo sin armas a verse cara a cara con un grupo armado que había cometido repetidas masacres contra la Comunidad, matando a miembros de familias y haciendo amenazas públicas, no puede ser infravalorado.

Las dificultades internas —como por ejemplo si alguien ha usado indebidamente fondos de la Comunidad— se abordan con severidad, y ya se han dado casos de gente a la que se le ha pedido que abandone la Comunidad para mantener la unidad y garantizar que la Comunidad no pueda ser acusada de violar sus propias normas.

La Comunidad de Paz ha permanecido firme en su postura contra la violencia y el terrorismo. Ha extendido sus tierras comunitarias y ha desarrollado métodos efectivos de trabajo comunitario por el bien de la Comunidad. Han formado la Universidad de la Agricultura, que invita a comunidades parecidas de toda Colombia a reunirse en la Comunidad de Paz y compartir tecnologías y estrategias. Han establecido Zonas Humanitarias, en las que cualquiera, independientemente de si son miembros o no, puede refugiarse de las encarnizadas y habituales batallas que se desatan entre los tres grupos armados cerca de su localidad. Su estructura democrática y su visión han facilitado la extensión de la Comunidad fuera de su departamento de nacimiento de Antioquia, hasta el vecino de Córdoba, y hasta la conciencia nacional.

Presencia y apoyo internacionales

Desde su formación, la Comunidad de Paz ha contado con el apoyo de la sociedad civil tanto colombiana como internacional. Ha tenido apoyo internacional de organizaciones de todo el mundo. El programa sobre Colombia de Fellowship of Reconciliation (hoy FOR Peace Presence) ha vivido con la Comunidad de La Unión desde 2002, y acompaña a sus miembros en su vida cotidiana para hacer menos probables las represalias violentas. Brigadas Internacionales de Paz y Operazione Colombia acompañan a la Comunidad de Paz durante todo el año, proporcionando acompañamiento tanto físico como político para mejorar la seguridad de esta inspiradora organización.

Éxito de la resistencia noviolenta

Se han hecho progresos. No ha habido ninguna masacre grave desde la matanza de 2005. El Consejo de Derechos Humanos de la ONU ha investigado los abusos cometidos contra la Comunidad. En julio de 2012, el Tribunal Constitucional Colombiano a la oficina del presidente que se retractara de las declaraciones que había realizado y pidiera disculpas a la Comunidad de Paz, cosa que efectuó el presidente Santos en diciembre de 2013. También ordenó el establecimiento de canales de comunicación directa entre el gobierno y la Comunidad de Paz, y la fundación de una Comisión de Evaluación y Justicia, pero estos pasos aún no se han dado.

Desde su formación, el liderazgo de la Comunidad de Paz ha sido blanco de asesinatos y persecución. Mucha gente ha muerto y mucha ha sido obligada a esconderse, pero la Comunidad de Paz sigue adelante, ahora ya en segunda generación, como una unidad autosuficiente y democrática firme en sus principios de noviolencia, trabajo comunitario y derecho a la tierra.

La Comunidad de Paz pertenece a uno de los grupos más vulnerables de Colombia: el campesinado. Con más de cinco millones de personas desplazadas por la fuerza (Colombia es el país de todo el mundo con el mayor número de personas refugiadas internas), está claro que la lucha por la tierra es una de las principales razones del conflicto armado en curso en el país. Es inspirador que la Comunidad de Paz haya defendido sus derechos de una forma noviolenta siendo objeto de tales ataques durante tanto tiempo, y la convierte una luz que nos guía en la lucha por una Colombia en paz y más justa.

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