Resistir ante la militarización de la educación

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Kai-Uwe Dosch, Sarah Roßa and Lena Sachs (amalgamated by Michael Schulze von Glasser)

La militarización del sistema de educación alemán

En Alemania, resulta difícil que pase una semana sin cruzarse con “héroes nacionales” vestidos de uniforme. Se los ve sonreír en anuncios, pantallas de televisión, revistas estudiantiles y folletos de tren, promocionando una “carrera con futuro”. Los eslóganes “En cumplimiento del deber, por la libertad” o “Servimos a Alemania” parecen ser los mantras de la nueva militarización: una militarización que desea traer a la población a una “carrera de paz” marcial.

En las escuelas, las fuerzas armadas alemanas dan clases e imponen su influencia sobre la capacitación y el perfeccionamiento de los maestros. Los consejeros del servicio militar reciben invitaciones para asistir a las escuelas a promocionar las carreras de las fuerzas armadas o a instalar en los patios de las escuelas sus tiendas de promoción. Las fuerzas armadas incluso tienen derecho a opinar sobre el contenido del plan de estudios; en las escuelas, colocan a cada vez más oficiales de la juventud: soldados jóvenes, bien educados y entrenados en retórica que desempeñan el papel de la educación política. La cooperación entre las escuelas y las fuerzas armadas, que ha existido desde la fundación de las fuerzas en 1955, alcanzó un nuevo pico máximo en 2008 y continuó en ocho de dieciséis estados federales de Alemania con el establecimiento de “acuerdos de cooperación” entre las fuerzas armadas y el ministro de Educación a cargo. Esa nueva relación se esconde bajo el disfraz de la educación política, pero sirve como método de reclutamiento y legitimación de la política de militarización de la seguridad.

La resistencia

Esa cooperación cada vez mayor entre las fuerzas armadas y las instituciones educativas ha sido vigilada de cerca y cuestionada críticamente: muchas personas que han desafiado de manera activa la militarización de la juventud lo han hecho en el ámbito de la educación. La resistencia contra la militarización de la educación varía de país en país. En Alemania, se ha debatido si hay que enfocarse en conseguir que en las escuelas estatales se incluya la misma cantidad de educación por la paz que educación militar o si se debería prohibir por completo la educación militar. La resistencia contra la militarización en Alemania ha ganado fuerza de manera notable desde los “acuerdos de cooperación” de 2008: distintas organizaciones de cinco estados alemanes han aunado sus esfuerzos o ampliado alianzas con el fin de tomar medidas contra la invasión del sistema de educación llevada a cabo por las fuerzas armadas. En la actualidad, hay grupos activos e iniciativas en todos esos estados oponiéndose a la militarización de las escuelas mediante cartas de protesta, volantes, presentaciones, debates, concentraciones, etc.

Junto con lo mencionado, hay grupos antimilitaristas, organizaciones de paz y otros grupos, como el numeroso Sindicato de Trabajadores de la Educación y las Ciencias y la organización por los derechos de los niños “Terre des Hommes”. Todos han dejado en claro que se oponen a la militarización, por ejemplo: al instar a los administradores de las escuelas a que prohíban a los militares o al apoyar a los alumnos a que se ausenten de las sesiones de educación militar. Incluso los consejos estudiantiles, los representantes de padres y las organizaciones de jóvenes han tomado la posición de tratar el problema y oponerse a la participación de las fuerzas armadas en las escuelas. Las actividades realizadas van desde hacer reuniones de debate, relaciones públicas, montar estands de información, enviar cartas de protesta a las respectivas autoridades estatales y recolectar firmas para peticiones en protesta contra las visitas de los soldados a las escuelas, hasta realizar concentraciones y manifestaciones. Al mismo tiempo, se han elaborado una cantidad de folletos informativos y otros materiales sobre el tema. Del 24 al 29 de septiembre de 2012, se llevó a cabo la campaña nacional “Semana de acción por la educación e investigación libre de militares”, que unió diversas iniciativas locales y regionales y durante la cual se realizaron actividades en muchos pueblos y ciudades, entre ellas la entrega de información sobre los aspectos negativos de incorporarse a las fuerzas armadas.

Aunque pequeños, ha habido algunos avances notables. En seis escuelas de todo el país, se rechazó la colaboración con las fuerzas armadas por decisión de los alumnos o del personal. Estas “escuelas libre de militares” son pioneras: modelos a seguir para otras escuelas que también desean oponerse a la militarización de la institución. A tres de ellas se les ha otorgado el Premio de Paz Aachen este año. Las acciones directas también han dado resultados: se sabe que las fuerzas armadas han cancelado eventos de promoción después de algunas de las protestas mencionadas. En la Universidad de Educación de Friburgo, se realizó un evento del ejército solo con una gran presencia policial, tras los anuncios de protestas publicados por internet. Como resultado, los oficiales de la juventud de Friburgo tuvieron que rechazar una invitación del consejo de estudiantes de la universidad para realizar un juego de roles sobre las fuerzas armadas. En una escuela de oficios de Hessen, un oficial de la juventud tuvo que cancelar una visita a causa de un cuestionario de tono crítico que se le envió con anticipación: sus superiores ya no aprobaban la reunión. Las fuerzas armadas no son para nada inmunes a las protestas; se puede lograr que emprendan la retirada.

Además, gracias al compromiso a largo plazo de los opositores a los militares, se han detenido los acuerdos de cooperación en estados como Sarre y Renania del Norte-Westfalia. En Renania del Norte-Westfalia, se ha excluido a los soldados de la capacitación de maestros. Asimismo, han aumentado en cantidad e intensidad los esfuerzos del movimiento de paz contra la militarización de las escuelas, que han dado resultados exitosos al presionar al ministro de Educación y Cultura a promulgar decretos favorables. Sin embargo, a causa de limitaciones económicas, conseguir la misma cantidad de activistas por la paz en las escuelas que soldados no es factible.

Una protesta —con sangre falsa en el piso, tanques, aviones y soldados de juguete— en la que se exigió la desmilitarización de la Universidad Kassel. Mayo de 2012 (créditos: Michael Schulze von Glaßer)

A pesar de la gran cantidad de críticas del público a la militarización de las escuelas, muchos profesores y consejos directivos de las escuelas no ven que haya un problema. Asimismo, los antimilitaristas aún se topan con la falta de comprensión del tema por parte del público. Aunque el movimiento contra la militarización en las instituciones educativas de Alemania ha logrado algunos avances, y cada vez más personas se pasan al bando de la resistencia, aún queda mucho por hacer. Los actuales métodos descarados de promoción de las fuerzas armadas solo pueden contrarrestarse con protestas sostenidas y vigilantes.

Se deberían adoptar diversos niveles de acción. En primer lugar, es posible desmilitarizar las escuelas en su totalidad brindando materiales antimilitaristas y que promuevan la paz, haciendo más hincapié a nivel curricular en el pensamiento crítico y, de forma más radical, creando consejos democráticos de toma de decisiones donde los alumnos, los padres, los maestros y el personal estén representados. En segundo lugar, los padres y los alumnos deberían estar mejor informados sobre los derechos que tienen los estudiantes a no asistir a las actividades organizadas por los militares o relacionadas con ellos, y se deberían ofrecer actividades alternativas, como visitas de niños que han experimentado la guerra o visitas a exposiciones antibélicas.

Se debe difundir más información sobre esos asuntos, usando diferentes medios de comunicación, y se debe aumentar la presión sobre los gobiernos responsables de las políticas de educación. Como medidas, se debería incluir la acción directa y la desobediencia civil, por ejemplo: piquetes frente a puestos militares en exposiciones de educación. También es esencial colocar la protesta contra la militarización de los alumnos en un contexto social en general, debido a que lo único que fuerza a los jóvenes a participar de la guerra es la militarización de la política exterior e interior.

Los antimilitaristas y los activistas de la paz deben continuar avanzando confiadamente con argumentos y reclamos claros contra la militarización de la educación y la sociedad, así como la militarización de las medidas políticas y económicas, compartiendo sus experiencias para aumentar al máximo la eficacia y avanzar hacia un mundo que sea esencialmente pacífico y libre de la dominación militar.

Traducción del original en alemán al inglés realizada por Diana Vega, y al español por Mayra Cavilla

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