¿Resistencia a servir el café? Introducción a la objeción de conciencia de las mujeres en Israel

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Por Ellen Elster, Internacional de Resistentes a la Guerra (WRI-IRG)

Israel es uno de los dos países del
mundo que recluta a las mujeres. A través de las historias y
declaraciones que presentamos aquí, veremos cómo la objeción de
conciencia evoluciona de razones religiosas a razones de conciencia
en 1954, y a razones más políticas en 1970 hasta hoy en día. La
guerra de los Seis Días de 1967 parece haber sido el punto de
inflexión. La última declaración que presentamos es de abril del
2009, después de los bombardeos de Gaza.

Sergeiy Sandler [1] describe [2] lo muy
militarizada que se encuentra la sociedad israelí. En las
guarderías, es común que en la fiesta de fin de curso se celebre un
desfile militar infantil. Unos años después, algunas asignaturas
serán impartidas por profesoras y profesores que estarán haciendo el
servicio militar y que darán clase en uniforme. Es posible que la
directora o el director del instituto donde estudien más tarde sea un
oficial de rango medio, retirado hace poco del servicio.

La conscripción es un instrumento
vital del poder político y un tema fundamental en la agenda
política. A través de las políticas de conscripción militares se
reproducen, refuerzan y a menudo generan desigualdades sociales. Así,
no tiene que hacer el servicio militar la minoría palestina que vive
en una población mayoritariamente israelí; sin embargo, este hecho
se utiliza después en todas las esferas de la vida como excusa para
discriminarlas oficial y no oficialmente, como cuando se ofrece un
empleo a personas “con el servicio militar cumplido” y en
realidad se está diciendo “absténganse personas árabes”. Las
mujeres judías son reclutadas pero su servicio militar es más
corto: dos años, frente a los tres que hacen los hombres. Las
funciones que se les asignan, además, dentro del Ejército no son
consideradas importantes, lo que dice algo del estatus social de las
mujeres y de su exclusión de la esfera pública (las mujeres
representan el 10% del Parlamento israelí). Las opiniones de los
generales sobre cuestiones públicas se consideran una fuente de
autoridad.

Existe un movimiento numeroso y muy
activo de mujeres que se oponen a la leva en Israel, único de su
clase en el mundo. La legislación israelí sobre la conscripción es
anómala también en que el estatus de objetora de conciencia sólo
se les reconoce a las mujeres. Esto sitúa a las objetoras en un
grupo distinto al del de los objetores, que no tienen este derecho
reconocido. Shani Werner planteó la cuestión de lo que significaba
ser objetora de conciencia en una carta que escribió en 2002 [3],
analizando lo que había pasado desde la primera Carta Abierta [4] de
Graduad@s de Secundaria (Shministim) de 2001.

Aquí presentamos la primera parte de
la carta de Shani:

Cuando escribimos
nuestra Carta Abierta como Graduad@s de Secundaria (Shministim) en el
verano del 2001, la escribimos juntas mujeres y hombres que nos
resistíamos a la leva. No se nos ocurrió entonces preguntarnos si
los dos tipos de resistencia (la de las mujeres y la de los hombres)
debían o no ir juntos. Estábamos tan convencidas de que la
resistencia de las mujeres a la leva era idéntica en importancia a
la de los hombres que ni siquiera éramos conscientes del significado
que le habíamos dado a la carta al colocarlas las dos al mismo
nivel. Por lo que a mí respecta, sólo lo internalicé cuando tuve
que enfrentarme a las reacciones de la gente: “¿Pero qué se
supone que significa eso?” o “¡Anda que no falta!”. Sentí que
habíamos hecho algo especial e importante.

Ha pasado mucho
tiempo, más de un año y medio, y poco a poco, he ido sintiendo
frustración. Sentía que dentro de nuestro “nido protector”, l@s
Shministim en concreto, y la izquierda israelí en general, habíamos
reproducido fielmente lo que de hecho pretendíamos combatir.
¡Habíamos militarizado la resistencia a la conscripción!

No habíamos
modificado la irritante imagen a la que nos oponemos con tanta
fuerza: la de la buena mujer que se sienta y espera pacientemente la
vuelta de “su” soldado del frente, mientras le plancha el
uniforme. Habíamos creado una imagen igual pero al revés: la de la
mujer que espera la pronta liberación del resistente a la leva, y
mientras tanto, le anima desde su posición privilegiada en la
colina, frente a la cárcel militar donde a menudo organizamos
manifestaciones.

Obviamente, la
resistencia de los chicos/hombres es muy importante. Y nosotras, las
resistentes chicas/mujeres, que no estamos en la cárcel, nos
ocupamos de animar, dar apoyo y proporcionar todo lo que necesitan
los resistentes que van a la cárcel. Pero creo que las dinámicas
que se generan del hecho de que “los objetores van a la cárcel y
las objetoras quedan exentas del servicio” han permeado y
endurecido cómo concebimos las cosas. La resistencia a la leva de
las mujeres no se considera tan importante como la de los hombres. No
vemos la humillación a la que el Comité de Conciencia somete a las
chicas. Hemos abandonado los debates sobre la resistencia a la leva
de las mujeres, y hemos abandonado casi por completo la lucha por
llevar estas ideas al foro público (aceptando la excusa de que “no
le interesa a los medios de comunicación”). Lo único que hacemos
es hablar sin parar de los resistentes presos.

Ahora mi negativa
a enlistarme en el Ejército, que solía considerar un acto
político-público, la veo sólo como algo privado. (“Lo personal
es político”, resuena este mantra en mi mente. Pero lo personal
sólo pasa a ser político ¡si consigue tener una voz!) Mientras el
discurso público siga sin ser consciente de la existencia de estos
actos, mientras el discurso de la izquierda sigua ignorándolos, la
resistencia a la leva de las chicas/mujeres seguirá siendo algo
personal, por no decir algo silenciado. Precisamente, es tan fácil
ignorar la resistencia a la leva de las mujeres como lo es para el
Ejército israelí ignorar el servicio militar de las mujeres. Si el
propio servicio militar de las mujeres se considera relativamente
sencillo, nuestra resistencia es tratada como “resistencia a servir
el café”, y aceptada incluso por el Ejército (y si el Ejército
no nos necesita, a diferencia de lo que les pasa a los muchachos
encarcelados, entonces ¿puede tener algún significado nuestra
resistencia?).” (...)

A continuación presentamos,
brevemente, varias historias de mujeres que se negaron a ingresar en
el Ejército. Las primeras son noticias de 1954. En los artículos,
Tali Lerner describe lo complejo de los papeles de las mujeres en la
sociedad israelí, cómo se las considera en el Ejército, y el papel
de las objetoras de conciencia. A este artículo le sigue uno de Idan
Halili, quien nos cuenta cómo se hizo feminista y qué implicó
hacerse objetora de conciencia. Por último, recogemos la primera
carta de los Shministim, de 2001, a la que aluden varios textos.

Referencias

[1] Sergeiy Sandler es activista de New
Profile y miembro del Ejecutivo y el Consejo de la IRG.


[2] La información procede de un
artículo que escribió Sergeiy Sandler en El fusil roto nº 58, mayo 2003.


[3] Shani Werner: Carta al movimiento
israelí de resistentes, 31 diciembre 2002.


[4] Impreso en esta sección.



Al Primer Ministro Ariel Sharon

Las personas abajo firmantes, jóvenes que crecimos y fuimos a la escuela en Israel, vamos a ser llamadas a cumplir con el servicio militar. Por la presente, le comunicamos nuestra protesta por la política agresiva y racista del gobierno israelí y de su Ejército, y le informamos de que no estamos dispuestas ni dispuestos a participar en la ejecución de dicha política.

Nuestra resistencia al implacable abuso de los derechos humanos por parte del Estado de Israel es rotunda: la expropiación de tierra, las detenciones, las ejecuciones sin juicio, la demolición de viviendas, el cercamiento, la tortura y el imposibilitar la asistencia sanitaria son sólo algunos de los crímenes que éste comete, en abierta violación de las Convenciones internacionales que en materia de derechos humanos ha ratificado como Estado. Dichas actuaciones no sólo son ilegítimas; además, no logran los objetivos que se proponen, a saber, aumentar la seguridad personal de las ciudadanas y los ciudadanos. Tal seguridad sólo se logrará mediante un acuerdo de paz justa entre el gobierno israelí y el pueblo palestino.

Consecuentemente, siguiendo nuestra conciencia, nos negamos a participar en cualquier acto de opresión contra el pueblo palestino, pues consideramos estos actos propiamente actuaciones terroristas. Hacemos un llamamiento a las personas de nuestra edad, a las personas reclutadas, a las soldadas y soldados en el Ejército permanente, y a quienes se encuentran en la reserva a que hagan lo mismo.

….

La presente carta, escrita por Shministims israelíes (curso 12, último de la secundaria), fue enviada al Primer Ministro israelí, Ariel Sharon, el tres de septiembre del 2001. Reproducimos la carta y no la lista de personas signatarias.

Publicado en: Objetoras de conciencia. Antología

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