Un año más con un futuro incierto

Niños en Yemen de pie fuera de la casa
Fhoto: Abdulhakim Al Ansi/CARE

Hoy, se celebra por todo el mundo el comienzo de un nuevo año, un nuevo capítulo en las vidas de las personas. Se piensa en lo que se quiere lograr y las metas que se quieren alcanzar y en cómo se pasará el año. En el otro lado del mundo, completamente olvidados, se encuentran los habitantes del Yemen. Les gustaría ser optimistas de cara al año nuevo, pero no pueden evitar sentir preocupación. Para ellos se trata de otro año más viviendo con miedo, hambruna y un futuro incierto y oscuro.

Hace cinco años, el Yemen estaba considerado uno de los países más pobres de Oriente Medio, hoy en día es la mayor crisis humanitaria del mundo. Actualmente existen 22 millones de personas que necesitan ayuda humanitaria. La guerra estalló en 2015 y desde entonces no ha dejado de encrudecerse cada día. La gente vive con un temor constante. Supone algo realmente frustrante para estas personas el hecho de no poder pensar en el futuro ni en cómo mejorar sus vidas ni a sí mismos. Por el contrario, todo aquello que ocupa sus pensamientos y sus preocupaciones es la manera de proveerse para cubrir las necesidades básicas de comida, electricidad y agua.

El conflicto sobre el terreno continúa intensificándose a medida que pasan los días y los ataques aéreos aumentan cada vez más; despertarse en mitad de la noche por el estruendo de un ataque aéreo o el combate terrestre es aterrador. Durante los casi tres años que van ya de guerra, las vidas de los yemeníes se suceden bajo la sombra del miedo incesante. No saben cuándo ni dónde se producirá el próximo ataque aéreo, si cuando abandonan sus casas y deciden tomar un camino, ese será el más seguro o si correrán peligro. Los enfrentamientos callejeros repentinos se producen en cualquier lugar y en cualquier momento. Han aprendido a vivir y soportar esta situación, pero la cuestión aquí es: ¿es normal tener que aprender a vivir y soportar esta situación?

La propagación de la violencia (tanto los ataques aéreos como los combates sobre el terreno) por parte de todos los implicados no es la única crisis a la que hacen frente los habitantes de Yemen. Existen numerosos conflictos: el cierre de los puertos ha dañado gravemente la ya funesta economía nacional; el 60 % de los costes de comida, combustible y fármacos han aumentado de manera desorbitada; los habitantes no pueden hacer frente a la situación, especialmente debido a que, desde septiembre de 2016, el pago de salarios no es consistente. La población está sumida en la deuda. Hoy en día en Yemen, más de ocho millones de personas se encuentran al borde de la hambruna, subsisten con apenas una comida al día que puede consistir en pan y leche únicamente. Algunos se van a la cama con el estómago vacío.

A girl suffering from cholera in Amran, Yemen. Photo: Abdulhakim Ansi

La realidad vista y vivida es perturbadora: casi un millón de yemeníes se ven afectados por el brote de cólera, considerado el más importante de la historia; en torno a 2000 personas perdieron la vida por causas totalmente evitables debido a la falta de agua potable y saneamiento, esto se considera una privación del derecho a la vida. Yemen ya poseía una de las valoraciones más bajas en cuanto a la muerte de mujeres relacionadas con la maternidad. Tras el recrudecimiento del conflicto, de cada 100 000 mujeres que dan a luz, 360 fallecían. Este verano, la cifra ha aumentado considerablemente a 1000 mujeres fallecidas de cada 52 000 que dan a luz. Esto es un indicador de la fragilidad del Sistema sanitario del país. Dicho sistema se desploma y deja a millones de personas enfrentándose a la muerte a manos vacías, sin medios para viajar, sin instalaciones y sin dinero. Los yemeníes están atrapados en una gran prisión y se les niega cualquier tipo de ayuda que les permita tomar decisiones. Uno de los grandes miedos de la población yemení es caer enfermos. No quieren verse desamparados en la situación de necesitar tratamiento médico y tener la certeza de que nadie en Yemen tiene acceso a buenos recursos médicos; todo radica en obtener lo básico. El acceso a lo básico no asegura la dignidad humana ni los plenos derechos.

A día de hoy, los yemeníes están mostrando una gran Fortaleza y habiendo construido un mecanismo de supervivencia ante esta crisis durante casi tres años. Sin embargo, ya están consumidos físicamente y desgastados emocionalmente: deben esconderse en las esquinas durante los ataques aéreos o terrestres, guardar largas colas de espera para conseguir agua y gas para cocinar, trasladarse de una tienda a otra en los campamentos de personas desplazadas. Nosotros, como personas jóvenes, perdemos la fe en lo que nos rodea, todas las puertas permanecen totalmente cerradas. Viajar es casi imposible debido a los costes y a las restricciones de circulación. No hay oportunidades de trabajo fijo ni de empleos para cubrir las necesidades diarias. Las personas sienten que la muerte es lo único que está ahí para ellos, fácil, rápida y por todas partes. Esta no es una situación de vida normal para un ser humano, pero se está normalizando ya que no existe ninguna otra opción a su alcance.

El hecho de ser una mujer en una crisis como esta significa una cosa: más responsabilidades sociales y personales, menos seguridad y numerosas restricciones de circulación. Muchas mujeres están adquiriendo la posición de cabeza de familia en este momento, no porque ellas lo elijan, sino más bien porque es la única manera que tienen las familias de sobrevivir cuando el sustento masculino se encuentra en el campo de batalla, desempleado o herido. Las mujeres se encuentran en una situación que requiere que actúen y sin embargo no poseen las habilidades necesarias o los medios para comenzar. Los yemeníes son dependientes de la ayuda humanitaria desde hace ya tres años. Esta situación no puede continuar, ya que perjudica más que ayuda.

El Yemen es un conflicto creado por el hombre perpetuado por millones a diario. El mundo hace de espectador silencioso mientras ve como una nación entera se resquebraja en pedazos. La cobertura de los medios de comunicación a nivel internacional es decepcionante. La guerra en el Yemen es como un puñado de mosquitos, se le da una ligera atención limitada de vez en cuando, nunca consistente o en profundidad. Una guerra olvidada, como muchos la describen. El impacto de esta crisis no alcanza la suficiente solidaridad internacional ni el aumento de la concienciación. La falta de interés y atención suficientes a la crisis de Yemen por parte de la comunidad internacional prolonga el conflicto, al no ejercer la presión suficiente sobre las partes enfrentadas.

La población yemení está ahogada por la situación. Anhelan la paz desesperadamente, casi tres años es más que suficiente, y con la llegada del 2018, desearían poder dormir sin preocuparse por un futuro incierto y oscuro. Quieren vivir una vida propia de las personas, en la que imperen la normalidad y la estabilidad en lugar del miedo, el hambre y un futuro oscuro.

Información del autor

Hana Alshowafi es una oficial de proyecto para el proyecto de paz y seguridad de las mujeres, que se centra en las mujeres y los jóvenes.

Hind Abbas es Asistente de Comunicaciones en CARE International Yemen, trabajando estrechamente con la mayoría de las personas afectadas del campo

Abdulhakim Najm es Asistente de Comunicaciones en CARE International Yemen, trabajando estrechamente con la mayoría de las personas afectadas del campo.

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Hind Abbas es Asistente de Comunicaciones en CARE International Yemen, trabajando estrechamente con la mayoría de las personas afectadas del campo

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