Beneficiándose de la guerra más larga de Estados Unidos: Trump busca explotar los recursos minerales de Afganistán

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A man carries a large piece of lapis, a semi-precious stone, in Afghanistan.
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Author(s)
Benjamin Dangl

Originalmente publicado en Toward Freedom, reutilizado con permiso.

El 7 de octubre se cumplieron dieciséis años desde el comienzo de la guerra de Afganistán: la guerra más larga de Estados Unidos. En un esfuerzo por justificar la presencia continuada y extendida de tropas estadounidenses en el país, el presidente Trump está buscando un plan para lograr que empresas estadounidenses extraigan minerales de un Afganistán rico en recursos.

Se calcula que el valor de los depósitos de hierro, cobre, zinc, litio y otros elementos poco comunes de la tierra en Afganistán es aproximadamente de un billón de dólares, un precio que ha interesado al empresario y magnate -ahora presidente- Trump.

El presidente afgano Ashraf Ghani planteó la cuestión en una de sus primeras conversaciones con Trump, sugiriendo que sería una gran oportunidad para las compañías estadounidenses.

“Estamos sentados sobre una enorme riqueza,” le dijo Ghani a Trump presuntamente, durante una reunión en Riyadh en mayo. “¿Por qué las compañías estadounidenses no están en esto, en lugar de China?”

El presidente Trump apoyó la idea, organizando reuniones con asesores principales y altos directivos de la minería y de seguridad para tratar el tema de sacar provecho de la riqueza mineral de Afganistán.

En julio se reunió con Michael Silver, de American Elements, una empresa centrada en utilizar elementos poco comunes de la tierra en dispositivos de alta tecnología. Stephen A. Fienberg, el dueño de la empresa contratista militar DynCorp International, también está aconsejando a Trump sobre el asunto. DynCorp, un polémico violador de derechos humanos, podría proporcionar seguridad a las minas en las zonas controladas por los talibanes.

Erik D. Prince, el fundador de la empresa de seguridad privada Blackwater International, también ha participado en charlas con Trump sobre Afganistán.

Prince, en un artículo de opinión para el Wall Street Journal el pasado mes de mayo, abogó por la privatización total de la guerra en el país, reivindicando la existencia de un único “virrey” para dirigir todos los esfuerzos de Estados Unidos, y “un enfoque similar al de la Compañía de las Indias Orientales” que comprende “unidades militares privadas” y “operaciones especiales y fuerzas contratadas más ágiles”.

Mientras tanto, las conversaciones entre Trump y el presidente afgano Ghani continúan. Ambos se reunieron en Nueva York el 22 de septiembre y, según un comunicado de prensa de la Casa Blanca, comentaron “cómo pueden ayudar las empresas estadounidenses a desarrollar con rapidez los abundantes recursos de Afganistán de elementos poco comunes de la tierra”.

“Convinieron que tales iniciativas ayudarían a las compañías norteamericanas a desarrollar materiales cruciales para la seguridad nacional a la vez que harían crecer la economía afgana y crearían nuevos puestos de trabajo en ambos países,” seguía el comunicado de prensa, “sufragando por tanto algunos de los costes de la asistencia de los Estados Unidos mientras que los afganos alcanzan su autonomía”.

Mientras los jefes de estado hablan sobre lucrarse con el sector minero, la guerra de Estados Unidos en Afganistán se intensifica.

Desde que los Estados Unidos comenzaron la guerra en Afganistán en 2001, Washington ha gastado 714 mil millones de dólares en esfuerzos bélicos y de reconstrucción allí, según el informe más reciente del Inspector General Especial del Pentágono para la Reconstrucción de Afganistán. Esto significa que la guerra en Afganistán le cuesta a los Estados Unidos unos 3,9 miles de millones de dólares al mes.

Según el Pentágono, hay once mil soldados emplazados actualmente en Afganistán. En agosto, Trump ordenó la movilización adicional de otros cuatro mil soldados. En estos momentos, el senador republicano Bob Corker, presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, estima que las tropas estadounidenses permanecerán en Afganistán durante otra década o más.

Y las bombas siguen cayendo. El mes pasado, ataques aéreos llevados a cabo en Afganistán por la coalición liderada por los Estados Unidos alcanzó la mayor cifra en siete años. Durante los primeros nueve meses de este año, Estados Unidos lanzó 2.353 bombas sobre Afganistán – un enorme aumento respecto a los 236 ataques aéreos que hubo en 2015. En abril, Estados Unidos lanzó una bomba de once toneladas, la mayor bomba no nuclear jamás utilizada por los Estados Unidos en un bombardeo de militantes de ISIS en el este de Afganistán.

Con la escalada de violencia, se han incrementado las víctimas civiles. Desde el 1 de enero al 30 de septiembre de este año, la ONU informó de 2.640 muertos y 5.379 heridos entre los civiles.

Los ataques aéreos de Estados Unidos y Afganistán en 2017 han contribuido a un incremento del 43% de bajas civiles desde el aire, según la ONU.

Se ha registrado un aumento de las víctimas civiles entre los niños y las mujeres respecto al año anterior. La ONU informa de que dos tercios de las bajas se debieron a los bombardeos y ataques de los talibanes y otras fuerzas anti-gubernamentales como ISIS. Asimismo, las bombas dejadas en viviendas vacías y por todo el campo han provocado 1.483 heridos y numerosas amputaciones.

“Los civiles afganos se encuentran atrapados entre señores de la guerra respaldados por Estados Unidos en el gobierno, tropas estadounidenses en el terreno y ataques aéreos desde lo alto, fuerzas talibanes y ahora la creciente presencia del Estado Islámico”, escribió recientemente Sonali Kolhatkar, coautora del libro Bleeding Afghanistan y codirectora de la Misión de Mujeres Afganas. “La guerra apenas ha mejorado sus vidas, y probablemente supondrá muchos más años de violencia”.

Mientras tanto, la riqueza mineral de Afganistán ha captado la atención del presidente Trump, quien está buscando un motivo para continuar la guerra más larga de Estados Unidos.

“Trump quiere un reembolso,” explicó una fuente cercana a la Casa Blanca. “Está tratando de encontrar dónde está el acuerdo comercial”.

Información del autor

Benjamin Dangl es el editor de TowardFreedom.com, una perspectiva progresista de los sucesos mundiales. Tiene un doctorado eh Historia de la Universidad McGill y su tesis es Centuries March the Streets: The Power of the Past in Bolivian Indigenous Movements, 1970-2000. Email: BenDangl(arroba)gmail.com

 

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Benjamin Dangl es el editor de TowardFreedom.com, una perspectiva progresista de los sucesos mundiales. Tiene un doctorado eh Historia de la Universidad McGill y su tesis es Centuries March the Streets: The Power of the Past in Bolivian Indigenous Movements, 1970-2000. Email: BenDangl(arroba)gmail.com

 

Benjamin Dangl es el editor de TowardFreedom.com, una perspectiva progresista de los sucesos mundiales. Tiene un doctorado eh Historia de la Universidad McGill y su tesis es Centuries March the Streets: The Power of the Past in Bolivian Indigenous Movements, 1970-2000. Email: BenDangl(arroba)gmail.com