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Sarah Robinson

Traducido por Rosa Rey

A principios de noviembre, más de 100 activistas de varios países europeos bloquearon las entradas a la conferencia anual de la Agencia Europea de Defensa en Bruselas, donde fabricantes de armas se reunían a puerta cerrada con responsables políticos europeos.

La conferencia era sólo para invitados, pero los activistas aparecieron sin invitación para hacer saber a los comerciantes de armas que no eran bienvenidos.

“Cada bomba arrojada, cada bala disparada tiene que haber sido fabricada en algún lugar y, donde sea que este se encuentre, se le puede hacer frente.”

Smash EDO

Publicado originamente en el sitio web antimili-youth.net de WRI

Activistas de Peace Action Wellington (PAW) organizaron dos días de acciones directas no violentas contra la Conferencia Anual de Armas llevada a cabo en Nueva Zelanda (NZ) el pasado noviembre. Luego de sus protestas pacíficas, 27 activistas -26 de los cuales siguen enfrentando cargos- fueron arrestados y llevados ante el juez. El 18 de febrero, volvieron a juicio, defendiendo su derecho a una manifestación pacífica por la paz y la justicia.

Al enviar nuestros mensajes de solidaridad a los activistas en Wellington, nos contactamos con Valerie Morse de PAW y le preguntamos por su campaña Alto a la Conferencia de Armas, y le hicimos otras preguntas sobre militarismo y el movimiento antimilitarista en Nueva Zelanda.

La guerra se sirve de raíces profundas, y deja enormes legados. Años después de las llamativas detonaciones de bombas y los vehículos blindados dando vueltas, y después de que los fotógrafos hayan recogido sus cosas y se hayan ido a su casa, la violencia está siendo alimentada, nutrida y aprovechada.

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