La especulación con la guerra en el siglo XXI: ¿Más oportunidades para objetar?

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Regresar a Objeción de Conciencia: Una guía práctica para los movimientos

Hannah Brock nos relata un ejemplo histórico de rechazo a la especulación de la guerra que los movimientos de objeción de conciencia de nuestros días pueden imitar[1].

La introducción de este libro plantea la siguiente pregunta: ¿y qué hay del futuro? Los movimientos de objeción de conciencia con frecuencia se han inspirado en la antigua expresión «¿Te imaginas que hubiera una guerra y no acudiera nadie?». Pues bien, quizá pronto casi nadie tenga que acudir para que haya guerra, ya que la tecnología «avanza» y pulsando un botón se puede tener la misma capacidad mortífera que con 1.000 personas armadas. Los ejércitos profesionales utilizan cada vez más armas controla-das a distancia, las empresas de seguridad privada y los robots han sustituido a los ejércitos multitudinarios de mediados del siglo XX. A pesar de estos «avances», siguen haciendo falta personas para hacer la guerra. Sin embargo, cada vez más no son miembros de las fuerzas armadas, sino que son filiales «civiles» de la cadena de suministro de armas y del militarismo las que hacen inevitable la guerra. Esto abre perspectivas totalmente nuevas para quienes se oponen a la guerra y a su participación en la misma.

Uno de los aspectos fundamentales es el negocio que existe detrás (y después) de las guerras. La Internacional de Resistentes a la Guerra (IRG) denomina «especulación de la guerra» a toda actividad económica que se beneficie o incentive la guerra (o ambas).

Existen algunos ejemplos edificantes del pasado que muestran cómo se produjeron formas de objeción en las cadenas de suministro de los especuladores de la guerra. En el año 1974, Bob Foulton, un empleado de la fábrica de Rolls Royce en la localidad escocesa de East Kilbride, tenía que reparar algunos motores de aviones de guerra. Sin embargo, Bob se dio cuenta que eran componentes de los Hawker Hunters que habían atacado el palacio presidencial chileno durante el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973. Se negó a realizar el trabajo, y al final del día los 4.000 trabajadores de la fábrica se unieron a él y se negaron a revisar los motores o permitir que salieran de la fábrica. Los dejaron afuera, a la intemperie, y allí seguían cuatro años más tarde[2]

Existen innumerables lugares donde podría manifestarse esta versión de la objeción de conciencia fuera del ejército: las empresas de relaciones públicas empleadas por los distribuidores de armas; los profesores que han de recibir a militares en sus escuelas; las compañías telefónicas que proporcionan cobertura en los territorios ocupados; los directores cinematográficos que deben fomentar el militarismo en sus superproducciones; ingenieros, proveedores y administradores de los distribuidores de armas; los trabajadores portuarios que se ocupan de los envíos de armas[3]; las compañías de seguridad encargadas de dirigir las prisiones; los fabricantes de automóviles que empiezan a fabricar tanques; los banqueros que guardan el dinero de los dictadores militares, entre muchos otros. Sin embargo, para que un movimiento de oposición comience, los trabajadores y los ciudadanos que se dedican a estas actividades han de reconocer primero que el papel que ellos, o su empresa, desempeñan forma parte de la maquinaria bélica.

El carácter compartimentado del comercio y la producción actuales representa un desafío. Si tomamos como ejemplo a los fabricantes de armas, cada vez es más difícil saber quién fabrica realmente un arma, y, como consecuencia, despertar algún sentimiento de responsabilidad. Empresas, fábricas y trabajadores diferentes fabrican un componente, que un fabricante de armas o una empresa civil podría utilizar en otra fábrica o en otro país. Tal como ocurre con el personal militar que controla los drones, se está produciendo un distanciamiento cada vez mayor, un enajenamiento, entre los que hacen la guerra y sus víctimas. Esta compartimentación nos lleva a creer que no somos parte del problema. Después de la masacre en la escuela de EE.UU. un armero hizo el comentario: «nadie quiere pensar que participó en la fabricación del arma de Newtown»[4]. Es muy difícil concienciar a los ciudadanos y a menudo es mucho más factible en una situación que ya tiene un gran relieve en la sociedad civil o en la prensa, pero además hace falta capacidad de comunicación e investigación para destapar la cadena de suministro e informar a los trabajadores.

Por otro lado, lo interesante es que este tipo de objeción de conciencia también fomenta la solidaridad entre los trabajadores e individuos – a diferencia de las personas que se ven como soldados-, como ocurrió entre Escocia y Chile. Este campo del activismo es una vía interesante para explorar, especialmente quizá para los movimientos de objeción de conciencia que ya han trabajado con miembros de las fuerzas armadas. Si la objeción de conciencia pretende destruir el pilar laboral de la guerra que la hace posible, entonces los objetores de conciencia civiles también serán esenciales[5].

 

[1] Para mayor información sobre la trayectoria de Hannah, ver el capítulo 1: « Objeción de Conciencia en la Historia ».

[2] Gardiner, Karen 2015, «Nae Pasaran» narra la historia de la lucha de los trabajadores escoceses contra el régimen chileno de Pinochet, Vice [en línea] 21 de abril, <h p://www.vice.com/read/nae-pasaran-shares-an-untold-story-of-chilean-solidarity-41>, visto el 12 de junio del 2015.

[3] Aunque el propio sindicato nunca realizó una declaración de apoyo, muchos miembros de International Longshore y Warehouse Union respetaron el piquete «Block the Boat» realizado en Oakland, EE.UU., en agosto de 2014 y se negaron a bajar una carga proveniente de la compañía de embarque más grande de Israel, ZIM. El acto fue una protesta al bombardeo israelí de Gaza y una respuesta a un reclamo directo por los grupos de la unión comercial palestina.

[4] Mataron a veinte niños y seis adultos en Newtown, Connecticut. (Helmore, Edward 2012, «“Armeros”, pueblo en crisis después de los tiroteos », The Guardian [en línea] 22 de diciembre <h p://www.theguardian.com/world/2012/dec/22/gunmakers-town-crisis-shootings>, visto 12 de junio del 2015).

[5] Uno de los ejemplos que encontramos existen en su página web http://www.intelexit.org/ contiene un generador automático de cartas de dimisión para aquellos que trabajan para agencias de inteligencia. Un ejemplo incluye: «La agencia de inteligencia para la cual trabajo... ha perdido su brújula moral, viola las libertades fundamentales o los principios democráticos o abusa de la idea de “seguridad nacional” para justificar sus violaciones de la Constitución». Además, alientan a las personas a abandonar estas agencias y a dar testimonio de los motivos por los cuales lo hacen, en línea y con grandes pancartas y distribución de folletos frente a las oficinas de los servicios de inteligencia.

Ir al siguiente capítulo: Objeción fiscal al gasto militar en el Estado Español

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