Contra todos los militarismos

Por qué una perspectiva antimilitarista es importante para todos los movimientos sociales.

El Foro Social Mundial ha cumplido ya seis años. Desde los inicios en Porto Alegre en 2001, ha crecido, ha inspirado procesos regionales, y ha cambiado. Con el éxito del Foro Social Mundial vino el interés de la izquierda tradi- cional, y de los gobiernos de izquierda. El presidente de Brasil Lula intervino en el Foro Social Mundial, y el gobierno venezolano instrumentalizó el “policéntrico” foro de Caracas para promocionar la “Revolución Bolivariana”. ¿Está entonces el FSM abrazando la anticuada política tradicional de izquierda y abandonando sus propios principios? ¿Está cayendo el FSM en la vieja trampa de oponerse a un sector del espectro político – el imperialismo de EE. UU. – y hacer la vista gorda ante las violaciones de derechos humanos y el militarismo cuando suceden en el sector “izquierdo” del espectro político, según el sencillo principio de que “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”?

Los principios del Foro Social Mundial

La Carta de Principios del Foro Social Mundial [1] data de 2001. El primer párrafo de esta carta establece las bases del FSM: “El Foro Social Mundial es un espacio abierto de encuentro para: intensificar la reflexión, realizar un debate democrático de ideas, elaborar propuestas, establecer un libre intercambio de experiencias y articular acciones eficaces por parte de las entidades y los movimientos de la sociedad civil que se opongan al neoliberalismo y al dominio del mundo por el capital o por cualquier forma de imperialismo y, también, empeñados en la construcción de una sociedad planetaria orientada hacia una relación fecunda entre los seres humanos y de estos con la Tierra. ”

El párrafo 5 afirma: “El Foro Social Mundial reúne y articula a entidades y movimientos de la sociedad civil de todos los países del mundo”, y así excluye a gobiernos y ejércitos. El párrafo 9 incluso lo especifica, si bien de forma suavizada “No deben participar del Foro representaciones partidarias ni organizaciones militares. Podrán ser invitados a participar, en carác- ter personal, gobernantes y parlamentarios que asuman los compromisos de esta Carta.”

El párrafo 10 trata de valores importantes: “El Foro Social Mundial se opone a toda visión totalitaria y reduccionista de la economía, del desarrollo y de la historia y al uso de violencia como medio de control social por parte del Estado. Propugna el respeto a los Derechos Humanos, la práctica de una democracia verdadera y participativa, las relaciones igualitarias, solidarias y pacificas entre las personas, etnias, géneros y pueblos, condenando a todas las formas de dominación o de sumisión de un ser humano a otro.” Y el párrafo 13 menciona como uno de los objetivos que “busca fortalecer y crear nuevas articulaciones nacionales e internacionales, entre entidades y movimientos de la sociedad, que aumenten, tanto en la esfera pública como la privada, la capacidad de resistencia social no violenta al proceso de deshumanización que vive el mundo y a la violencia utilizada por el Estado”.

El Llamamiento de Bamako [2], que es como una variante de estos principios, se presentó en el FSM policéntrico de Mali en enero de 2006. El llamamiento de Banako está repleto de la anticuada retórica de la izquierda, y pone especial énfasis en la clase trabajadora – de hecho, casi parece como si el término “organizaciones civiles” empleado en la Carta de Principios desapareció del lenguaje del llamamien- to de Banako. Por ejemplo, el llamamiento de Banako pide acríticamente “Ampliar las campañas de solidaridad con Venezuela y Bolivia, en cuanto constituyen lugares de construcción de alternativas al neoliberalismo y son artesanos de una integración latinoamericana”. No obstante, el llamamiento de Bamako reconoce “que el fracaso del sovietismo y de los regímenes que provienen de la descolonización, resulta en gran medida del hecho de que han negado las libertades y subestimado la democracia. La elaboración de alternativas debe integrar esta constatación y dar un sitio preeminente a la construcción de la democracia”.

Sin embargo, de forma más notable, tanto en la primera Carta de Principios como en el llamamiento de Banako, hay una total ausencia de análisis del propio militarismo. El antimilitarismo se considera como anti-imperialismo, y se limita al rechazo a las actividades militares de EE.UU y la OTAN, pero no se extiende a otros actores.

¿Por qué antimilitarismo?

En su declaración “Noviolencia y lucha armada”[3], La Internacional de Resistentes a la Guerra escribió: “Desde nuestro punto de vista, los movimientos de liberación son válidos mientras que fortalecen la autogestión y la autoorganización y reflejan las aspiraciones de las/os excluidas/os. Pueden contener a muchos grupos sociales y tendencias políticas distintas, pero dependen de la participación de las/os que no tienen ningún poder.

La liberación que pretenden no puede tener como consecuencia la opresión de otras os, sino que debería respetar los derechos de todas os: somos demasiado conscientes del peligro de que las os liberadores de hoy pueden convertirse en las os opresores de mañana.”

“No hay nada romántico en la experiencia bélica, ni siquiera en la guerra revolucionaria. Podemos comprender las razo- nes para recurrir a la lucha armada, pero prevenimos contra sus consecuencias. No importa, ni si la lucha armada es el último recurso; la guerra degrada. Los sabotajes discriminados tienden a desdibujarse entre ataques indiscriminados, asesinando ciudadanos no combatientes y trayendo como consecuencia represalias. Los conflictos locales estallan en disputas que se mantienen a sí mismas bajo ningún control político, la violencia se convierte en el patrón para manejar el conflicto.

Si la lucha militar persigue como fin último la victoria, entonces se requiere un ejército, un ejército de soldados dispuestos a matar sin rechistar, operando en firmes cadenas de mando, y dependientes de abastecedores de armamento que desean explotar la lucha, ya por influencia política o por beneficio económico. Las necesidades militares tienen prioridad sobre cualquier consideración humana o social.”

Hay multitud de ejemplos, y no disponemos de suficiente espacio para analizarlos aquí. Así que algunas “instantáneas” serán bastante:

  • Tras la victoria de los Sandinistas en Nicaragua en 1979, los EE.UU. inició una campaña de guerra de baja intensidad y apoyó a la contra. Como respuesta, el gobierno Sandinista de Nicara- gua estableció el reclutamiento forzoso, con el fin de poder reclutar un número suficiente de jóvenes para una lucha militar contra los contras.
  • La lucha armada por la independencia en Angola desde los años 60 condujo a la independencia política en 1975, pero fue seguida inmediatamente por una guerra civil, que duró hasta 2002. En esta guerra, actores externos – el apartheid de Sudáfrica, los EE.UU., y la Unión Soviética y Cuba, que enviaron a su ejército en apoyo al MPLA – tuvieron un importante papel.
  • Eritrea consiguió su independencia de Etiopía tras décadas de lucha armada del EPFL que concluyeron en 1991. Sin embargo, desde la independencia formal en 1993, Eritrea se ha embarcado en un política de militarización y violación de los derechos humanos. Todos lo jóvenes eritreos – chicos y chicas – están sometidos a un servicio militar antes de finalizar su escolarización, y los castigos por eludir el reclutamiento o la deserción incluyen tortu- ras, muerte, encarcelamiento e incluso el encarcelamiento de familiares.

Esta lista continuaría.

El presidente venezolano Hugo Chávez dijo en 2005 que el FSM necesita que “agreguemos una estrategia de poder” a su agenda [4]. No estoy de acuerdo con Chávez muy a menudo, pero en esto sí. Pero una estrategia de poder necesita un análisis del poder, y en este análisis el antimilitarismo difiere enormemente del populismo anti-imperialista de Chávez.

El poder es fundamental. El poder no sólo en el sentido de poder sobre – el poder de un grupo de gente para dominar a otro grupo de personas (violencia estructural). La comprensión del poder es también crucial para vencer al poder y a la violencia; poder con como el poder de la gente actuando unida en cooperación, para conseguir cosas que no podrían conseguir en solitario; y el poder hacer algo, basado en habilidades, conocimiento, convicción. Un análisis del poder necesita incluir un análisis del Estado.

Según Gustav Landauer, “el Estado es una condición, una cierta relación entre seres humanos, una forma de comportamiento humano; que destruimos estableciendo otras relaciones, comportándonos de manera diferente.”[5] Esto es incluso más importante para los anti-militaristas. Landauer lo afirma sin rodeos: “La guerra es un acto de poder, de asesinato, de robo. Es la más aguda y clara expresión del Estado. La lucha contra la guerra es una lucha contra el Estado; cualquiera que se implique en la política de Estado, incluso desde un punto de vista revolucionario, es parte de la guerra.”

El Foro Social Mundial y el antimilitarismo

La Carta de Principios del Foro Social Mundial está abierta a perspectivas antimilitaristas, pero dicha perspectiva no es todavía parte de ella. El llamamiento de Banako carece de perspectiva antimilitarista, y esto lleva por una dirección errónea.

El movimiento anti-globalización, el movimiento radical homosexual, el movimiento feminista, el movimiento anarquista, son algunos de los áreas donde buscar y construir nuevas relaciones, donde pretendemos superar la violencia estructural y cultural. Grupos de afinidad, grupos comunitarios, acción directa noviolenta, pero también el desarrollo de alternativas – okupas, cooperativas alimentarias, vivienda alternativa, etc. – son lugares donde podemos establecer otras relaciones, comportarnos de manera diferente, no con la intención de formar parte del Estado, sino la de disolver esta forma de organizar las relaciones humanas que está basado en la violencia (estructural), y que crea violencia – en la sociedad y mundialmente.

Haciendo esto, incrementaremos “la capacidad de resistencia social no violenta al proceso de deshumanización”, tal y como el Foro Social Mundial pretende, y aprender a practicar “una democracia verdadera y participativa, las relaciones igualitarias, solidarias y pacificas entre las personas, etnias, géneros y pueblos, condenando a todas las formas de dominación o de sumisión de un ser humano a otro”

En su declaración de 1990, la Internacional de Resistentes a la Guerra afirma: “Pueden existir ocasiones en las que parezca que la noviolencia ha fallado. Pero estamos seguras/os de que, si la noviolencia activa trae como consecuencia la represión, la lucha armada proporcionará un pretexto para una represión incluso más brutal. Si la noviolencia activa no puede provocar el cambio rápidamente, ninguna otra forma de resistencia popular la hará en un plazo de tiempo más corto. Se necesita un nuevo marco de estrategia, basado en la construcción de la confianza y en la cohesión de las personas en actividades enraizadas en comunidades locales.”[6]

Estamos convencidos/as de que una perspectiva de noviolencia y antimilitarismo es crucial para todos los movimientos sociales comprometidos en el proceso del foro social.

Andreas Speck

Notas:

[1] http://www.forumsocialmundial.org.br/main.php?id_menu=4&cd_language=4
[2] http://www.globaljusticecenter.org/ponencias2006/bamakoESP.htm
[3] http://www.antimilitaristas.org/article.php3?id_article=968
[4] http://www.ipsterraviva.net/TV/WSF2005/viewstory.asp?idnews=171
[5] Gustav Landauer, For Socialism. St Louis, Missouri, 1978 (alemán: Berlin 1911)
[6] http://www.antimilitaristas.org/article.php3?id_article=968