Las objetoras en el contexto colombiano

Alejandra Londoño Bustamante, Red Juvenil de Medellín

Soy objetora por conciencia, porque no creo que la objeción sea una figura jurídica de respaldo a una negativa, sino por el contrario una forma legítima de organización social y colectiva que propende inicialmente por el cambio de las y los individuos para la construcción de un proyecto de sociedad.

Me niego a continuar reproduciendo las prácticas patriarcales que sostienen la desigualdad y la exclusión, no soy objetora porque tema que mi hijo o mi hermano vayan a la guerra, soy objetora porque como mujer, aún sin empuñar un fúsil podría estar reproduciendo los patrones tradicionales que ponen a la mujer en un rol de sumisión, le seccionan sus sueños y su posibilidad de decidir, opinar y actuar, le ocultan el placer y la ponen en una postura esclavista de servicio a otros. Mi postura como objetora por conciencia va desde tratar diariamente de transformar esos elementos de la guerra que pasan por el sonido de las balas, pero además por transformar la minucia que me habita y responde a prácticas que finalmente son las que permiten que las armas sigan sonando.

Es constante escuchar por parte de militares, y de la población en general preguntas como: ¿Por qué mujeres objetoras, si son los hombres quienes van a la guerra? Y es precisamente acá donde nosotras con mayor fuerza hemos reivindicado que la objeción no es una exigencia que solo le compete a los masculinos.

La objeción no es una propuesta que se agote en lo evidente del conflicto armado, es una manera clara de lucha popular noviolenta, que plantea que para poder lograr las soñadas transformaciones, debe haber un cambio desde el individuo, una pregunta constante por las formas de construir poder con y para todos.

Publicado en Objetoras de conciencia. Antología