El Aluminio: Motor para la Guerra

Las incontables aplicaciones civiles del aluminio en la vida moderna tienden a enmascarar sus numerosos usos técnicos en armamento, lo que lo convierte en uno de los me- tales clasificados como "estratégicos" por el Pentágono, que significa que una de las principales prioridades del gobierno más poderoso del mundo es asegurar su suministro constante al menor precio posible.

Por esta razón, nuevas minas de bauxita, refinerías de alúmina y fundiciones de aluminio están siendo promovidas mediante presiones soterradas en muchos países, incluida Islandia. En la India, esto supone una represión particularmente grave contra los pueblos indígenas así como una gran amenaza para el medio ambiente, especialmente en Orissa y Andhra Pradesh, donde algunas de las montañas más grandes están cubiertas de una capa de bauxita de gran calidad. Esta capa almacena la lluvia monzónica y la libera en cientos de arroyos perennes. La explotación minera de estas cumbres dañaría su capacidad de retención del agua. La producción de una tonelada de aluminio también consume más de 1000 toneladas de agua. El tóxico barro rojo residual en la nueva refinería de Vedanta en Lanjigarh ya ha contaminado el río Bansadhara, en un mes de funcionamiento.

El descubrimiento de la termita y el duraluminio en 1901 y 1908 produjo la rápida comercialización del potencial del aluminio para fabricar bombas y aviones. La primera y segunda guerras mundiales fomentaron enormemente las ventas de aluminio, y desde enton- ces, cada guerra. El aluminio está en el centro del conglomerado industrial-militar y define la magnitud de la guerra moderna en términos que pocos conocen.

Las bombas de termita aprovechan el poder explosivo latente del aluminio, empleando su alto calor de formación (la temperatura a la cual es separado del oxígeno), para incrementar la magnitud de las explosiones. Fue la base de 70.000 granadas de mano empleadas en la Primera Guerra Mundial. Posteriormente se empleó en bombas incendiarias lanzadas sobre ciudades alemanas y japonesas durante la Segunda Guerra Mundial, en napalm, bombas cortamargaritas y cabezas nucleares de misiles.

En la década de 1920 las aleaciones de aluminio llevaron a los humanos al cielo, comenzando con el duraluminio (empleado en aviones de la Primera Guerra Mundial). Después de que Hitler ordenara la construcción de una enorme flota de aviones de guerra a base de aluminio, Gran Bretaña y EE.UU. comenzaron un programa de rearmamento en 1934, con la ayuda de un gran programa de construcción de embalses iniciado en los años 20 y 30. Aún hoy un reactor jumbo sin amueblar o un avión militar está formado por un 80% de aluminio, aunque las aleaciones utilizadas se han hecho más sofisticadas, especialmente del tipo litio y materiales compuestos de matriz metálica (MMC, mezclas con derivados de petróleo y plástico).

Los embalses y el aluminio están íntimamente relacionados. Desde entonces hasta ahora (nuevos embalses de New Brunswick en Islandia), el auténtico fin de muchos de los mayores embalses del mundo es proporcionar energía hidroeléctrica barata para el aluminio. "La electricidad de los grandes embalses Occidentales ayudó a ganar la Segunda Guerra Mundial", produciendo aluminio para armas y aviones y más tarde plutonio para la bomba atómica1. En 1940, el presidente Roosvelt ordenó la construcción de 50.000 aviones de guerra.

Henry Kaiser respondió con su propia petición de mayor producción de aluminio, y fabricación de bombas incendiarias. La Segunda Guerra Mundial inaugu- ró un nuevo nivel de inhumanidad haciendo de los civiles objetivos principales. Desde el inicio de la guerra, el bombardeo de ciudades fue una estrategia clave para ambos bandos. Las bombas incendiarias y el napalm estaban compuestos fundamentalmente de aluminio: 4-8% en el napalm, 3-13% en las bombas incendiarias "goop" (bomba de cola) de Kaiser. En 1944 se lanzaron 41.000 toneladas de bombas "goop" en Japón y Alemania. El Servicio de Guerra Química las empleó "para quemar el corazón de Japón" y "salvar cientos de vidas estadounidenses".

Antes de que se lanzaran las bombas atómicas, estas bombas químicas ya habían provocado una matanza incalculable entre los civiles. La mitad de las bombas británicas lanzadas en Dresde en 1945 fueron de napalm, con la autorización de Churchill, y mataron a unos 25.000 civiles. Ambos tipos de bombas se convirtieron en habituales en Corea y Vietnam. Las segundas dieron paso a una nueva y temible arma: la BLU-2 de 6800 kg o cortamargaritas, cuyo pastoso explosivo fue inventado por un "creacionista" (fundamentalista cristiano) llamado Melville Cook en 1956. Esta es la bomba empleada en el bombardeo extensivo de vastas zonas desde Corea hasta Afganistán.

Después de 1945, la demanda de aluminio bajó repentinamente. La brillantez de Kaiser fue apostar por la guerra en Corea, y su primer cliente fue Boeing. Sus fábricas pronto construirían los bombarderos B-36 que operaron allí. Su apuesta en esta guerra valió la pena y señaló el comienzo de la "industria de la guerra permanente" de Eisenhower, que no se ha vuelto atrás. La producción de aluminio de EE.UU. se triplicó entre 1948 y 1958, acomodando a las empresas del aluminio en una "nueva edad dorada".

Una obra poco conocida que resume esta política es el libro Aluminum for Defence and Prosperity (Aluminio para la defensa y la prosperidad) (Dewey Anderson 1951) , que revela muchas cosas sobre la industria que nunca se han admitido desde entonces: "El aluminio se ha convertido en el material a granel más importante de la guerra moderna. Hoy no es posible la lucha ni se puede hacer que una guerra sea un éxito sin utilizar y destruir grandes cantidades de aluminio... El aluminio es necesario para las armas atómicas, tanto en su fabricación como en su despliegue."

El aluminio forma parte de la tecnología explosiva de un misil nuclear y de su fuselaje, así como de su combustible. Los "propelentes" que alimentan los misiles se basan en aluminio desde 1950. Desde la década de 1990 el uso del extremadamente fino polvo de aluminio en el combustible de cohetes se amplió a través de la nanotecnología y las nanopatículas de aluminio del combustible gasta- do ha producido una grave contaminación del espacio exterior, afectando a la industria de satélites. El aluminio se subvenciona de muchas maneras, debido a su importancia en la "defensa". Y es cualquier cosa menos un "metal verde". Y está valorado de forma muy barata. El coste real de su energía eléctrica, agua, sistemas de transporte y contaminantes se "externalizan" en zonas industriales como la India, incluso mientras se cierran rápidamente las fábricas de aluminio en Europa. Incluso el fusil de asalto estándar Kalashnikov tiene el armazón de aluminio desde 1961.

Entre los más costosos artículos de las estructuras metálicas del ejército están los aviones de aluminio, que aparecieron de forma destacada en una serie de grandes escándalos de corrupción, incluyendo enormes sobornos o "comisiones" pagadas por los principales fabricantes y comerciantes de armas.

En los debates sobre las causas del Cambio Climático, los medios muy raramente destacan el gran papel de la minería y producción de metal así como la fabricación de armas y los efectos contaminantes del uso de estas armas en Iraq, Afganistán y otras muchas regiones.

Los medios también guardan silencio sobre la situación de muchos pueblos indígenas en la India, cuyas vidas están siendo devastadas por la industria del aluminio y del acero. Las luchas de estas personas por mantener su modo de vida sostenible merecen ser conocidos y apoyados internacionalmente. Sus habitantes nativos y no nativos en protesta contra las fábricas de aluminio, acero y químicos han sido asesinados en tiroteos policiales en Maikanch (2000) y Kalinganagar (2006) en Orissa, y Nandigram (2007) en Bengala Oeste. Estos hechos son sólo la manifestación más extrema del continuo acoso contra el intento de estas comunidades de defender sus propiedades.

A esta veloz industrialización forzosa se le denomina "desarrollo sostenible" y "reducción de la pobreza" cuando en realidad es todo lo contrario. El modo de vida de los lugareños se derrumba en toda la India mientras las grandes industrias se apoderan de sus tierras.

La refinería de Lanjigarh está siendo construida por una empresa con sede en Londres llamada Sterlite o Vedanta. Las comunidades tribales de los alrededores han sido desplazadas y su agua, tierras y aire gravemente contaminados. Se construye cerca de una de las montañas más boscosas, dentro de una cadena llamada Niyamgiri, que cuenta con su propia tribu, calificada como "tribu primitiva", los Dongria Konds, que se están preparando para resistir cualquier ataque a su montaña sagrada. Este caso lleva más de 3 años en el Tribunal Supremo de la India, entre grandes presiones a favor y en contra, y grandes sumas gastadas por Vedanta. Resulta muy simbólico, para los Dongrias la divinidad suprema es Niyam Raja, el Señor de la Ley - la deidad principal asociada con la cumbre de la montaña a 1200 metros de altura, en cuyo nombre los Dongria han mantenido el tabú sobre la tala de árboles, preservando así una amplia zona de bosque primario con muchas especies únicas- del que Vedanta quiere hacer una mina a cielo abierto. Balco, subsidiaria de Vedanta es un importante proveedor de la industria de armas de la India, incluyendo sus misiles.

Las industrias que se promueven en Orissa y estados vecinos del este de la India están proporcionando combustible a las guerras del mundo, así como alimentando un estilo de vida de coches, envases y construcción a gran escala que está siendo reconocido cada vez más como completamente insostenible a largo plazo. Como afirma Bhagavan Majhi - uno de los líderes tribales del movimiento Kashipur contra el proyecto Utkal -

"Planteé una cuestión al SP (Superintendente de Policía). Le pregunté, Señor, ¿que quiere decir con desarrollo? ¿Es desarrollo desalojar personas? La gente, a cuyo desarrollo se alude, debería obtener los beneficios. Y tras ellos, las generaciones futuras deberían obtener benefi- plemente la satisfacción de la codicia de unos cuantos funcionarios. Destruir montañas de millones de años no es desarrollo. Si el gobierno ha decidido que necesi- tamos alúmina, y necesitamos extraer bauxita, deberían compensarnos con otras tierras. Como Adivasis, somos agricultores. No podemos vivir sin tierras... Si lo necesitan tanto, tienen que decirnos por qué lo necesitan. ¿En cuántos misiles se usará nuestra bauxita? ¿Cuántas bombas construirán? ¿Cuántos aviones militares? Deben darnos una lista detallada."

Las empresas mineras, las de armamento y las instituciones financieras mundiales que las apoyan están íntimamente ligadas y obtienen grandes beneficios de la guerra. No habrá paz en este mundo hasta que la carrera de armamento se detenga, y la carrera de armamento está alimentada por la industria minera y de los metales.

Felix Padel

Basado en un capítulo del libro de Félix Padel y Samarendra Das sobre la política económica sobre la industria del aluminio y su impacto en Orissa.